Columna: Desde el Orinoco

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Es indispensable el esfuerzo para lograr metas

Quiero compartir con ustedes la historia llamada El Cordero Envidioso, escrita por Cristina Rodríguez Lomba y publicada en la página web:

El cordero envidioso

“Había un corderito que vivía como un marqués, o mejor dicho como un rey, por la sencilla razón de que era el animal más mimado de la granja. Ni los cerdos, ni los caballos, ni las gallinas, ni el resto de las ovejas y carneros mayores que él, disfrutaban de tantos privilegios”.

“Esto se debía a que era tan blanquito, tan suave y lindo, que las tres hijas de los granjeros lo trataban como a un animal de compañía al que malcriaban y concedían todos los caprichos”.

“Curiosamente, a pesar de tener más derechos que ninguno, este cordero favorecido y sobrealimentado era un animal extremadamente egoísta: en cuanto veía que los granjeros rellenaban de pienso el comedero común, echaba a correr pisoteando a los demás para llegar el primero y engullir la máxima cantidad posible”.

“Obviamente, el resto del rebaño se quedaba estupefacto pensando que no había ser más canalla que él en todo el planeta”.

“Un día la oveja jefa, la que más mandaba, le dijo en tono muy enfadado”:

“¡Pero qué cara más dura tienes! No entiendo cómo eres capaz de quitarle la comida a tus amigos. ¡Tú, que vives entre algodones y lo tienes todo!… ¡Eres un sinvergüenza!”

“Bueno, bueno, te estás pasando un poco… ¡Eso que dices no es justo! Responde el cordero privilegiado”

“¡¿Qué no es justo?!…Llevas una vida de lujo y te atiborras a diario de manjares exquisitos, dignos de un emperador. ¿Es que no tienes suficiente con todo lo que te dan? ¡Haz el favor de dejar el pienso para nosotros!”

“La verdad es que como hasta reventar y este pienso está malísimo comparado con las delicias que me dan, pero lo siento… ¡no soporto que los demás disfruten de algo que yo no poseo!”

“La oveja se quedó de piedra pómez”.

“¿Me estás diciendo que te comes nuestra humilde comida por envidia?”

“ Si quieres llamarlo envidia, me parece bien, dijo el corderito”

“Ahora sí, la oveja entró en cólera”.

“¡Muy bien, pues tú te lo has buscado!”

“Sin decir nada más pegó un silbido que resonó en toda la granja. Segundos después, treinta y tres ovejas y nueve carneros acudieron a su llamada. Entre todos rodearon al desconsiderado cordero”.

“¡Escuchadme atentamente! Como ya sabéis, este cordero repeinado e inflado a pasteles se come todos los días parte de nuestro pienso, pero lo peor de todo es que no lo hace por hambre, no… ¡lo hace por envidia! ¿No es abominable?”

“El malestar empezó a palparse entre la audiencia y la oveja continuó con su alegato”.

“En un rebaño no se permiten ni la codicia ni el abuso de poder, así que, en mi opinión, ya no hay sitio para él en esta granja. ¡Que levante la pata quien esté de acuerdo con que se largue de aquí para siempre!”

“No hizo falta hacer recuento: todos sin excepción alzaron sus pezuñas. Ante un resultado tan aplastante, la jefa del clan determinó su expulsión”.

“Amigo, esto te lo has ganado tú solito por tu mal comportamiento. ¡Coge tus pertenencias y vete!”

“Eran todos contra uno, así que el cordero no se atrevió a rechistar. Se llevó su cojín de seda oriental como único recuerdo de la opulenta vida que dejaba atrás y atravesó la campiña a toda velocidad”.

¿Qué les parece el relato?

Esta aleccionadora historia es de gran relevancia para padres, maestros y lideres en general. NO es absolutamente conveniente llenar de privilegios a los seres humanos, especialmente a los jóvenes y personas sobre los que tengamos algún rol de educadores u orientadores.

Es fundamental que, desde niños, aprendamos el valor del esfuerzo, del trabajo creador, de ser justos y equitativos, para no convertirnos en personas egoístas, insensibles, arrogantes y poco solidarios con las personas que nos rodean.

Nuestros hijos deben aprender a valorar las responsabilidades, a tener que dedicar energías y atención a sus metas, a colaborar con sus padres y familiares en labores caseras.

El éxito y la realización de ese futuro adulto, dependerá de cuan dedicado sea por conseguir sus objetivos, del denodado y permanente esfuerzo en hacer realidad sus aspiraciones.

Educar a una persona, sobre la base del poco esfuerzo, de tener todo a su mano, de no sentir que las cosas representan sacrificios personales, es la mejor manera de “formar” un adulto holgazán y mediocre.

Concluyo estas reflexiones con este pensamiento:

“Todos tenemos sueños. Pero para convertir los sueños en realidad, se necesita una gran cantidad de determinación, dedicación, autodisciplina y esfuerzo” Jesse Owens

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Waldo Negrón

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