Por Real Instrucción fechada el 5 de junio de 1762, el monarca español Carlos III, ordenó la mudanza de Santo Tomé de Guayana, capital de la gobernación de Guayana, al sitio donde el río Orinoco se estrecha a “ochocientas varas”.
El carácter oficial e importancia política y jurídica de esta Real decisión, permite comprender que la ciudad de Angostura no fue el resultado de un acto fundacional originario; es decir, realizado conforme a los protocolos y exigencias (levantamiento de Acta de Fundación por Escribano Real), de la legislación indiana e instrumentados rigurosamente por los conquistadores y gobernadores españoles, en el proceso de fundación de ciudades en Hispanoamérica desde el siglo XVI. Sin embargo, el desplazamiento de la ciudad de Santo Tomé de Guayana al Sitio de Angostura, no fue un traslado más, de los muchos que caracterizaron a la peregrina capital guayanesa, entre 1595 y 1764. La diferencia es sustancial. Este emplazamiento en particular fue autorizado mediante un instrumento legal, una “formalidad” de carácter institucional ausente en los sucesivos asentamientos que previamente había experimentado la errante capital guayanesa. Esa circunstancia, por si sola, le dio naturaleza política y jurídica formal al acto de la mudanza al Sitio de Angostura; esta vez, sin sobresaltos, ni improvisación alguna; sino, con base a una estratégica planificación contenida en la referida Instrucción Real del 5 de junio de 1762, cuya ejecución fue designada también a experimentadas autoridades, correspondiendo en este caso al Gobernador Joaquín Sabás Moreno de Mendoza. Estos, sin duda, fueron factores que garantizaron el establecimiento definitivo de la ciudad, sentar las bases de una sólida planificación urbana cuadricular, y crear las condiciones que garantizaron su consolidación y desarrollo en el nuevo lugar, a partir de 1764-1765.
Como hemos referido en otros estudios, durante más de siglo y medio la capital colonial guayanesa, Santo Tomé de Guayana, fundada el 21 de diciembre de 1595 por el Capitán Antonio de Berrio, había sido acosada, saqueada e incendiada por emisarios de otros imperios europeos, enemigos de España e interesados en la búsqueda de El Dorado, por tanto, en ocupar un lugar en Tierra Firme. Esa inestable situación mantuvo a Santo Tomé de Guayana peregrinando, errante, saltando de un lugar a otro, y aunque asentada fielmente en las riberas del rio Padre, en alguna oportunidad, por allá, por 1638 coqueteó con el caudaloso río Caroní; sin embargo, avanzado el siglo XVIII, más exactamente, entre 1762 y 1764, exhausta, cansada, en ruinas, y empobrecidos a niveles extremos, sus habitantes encontraron lugar seguro donde fijarse a la tierra en el Sitio de Angostura, hoy Ciudad Bolívar.
Estudios contemporáneos, apoyados en fuentes documentales, bibliográficas y cartográficas, han logrado esclarecer y demostrar, que a pesar del accidentado e inestable proceso de asentamiento político-territorial y humano, que obligó a esta capital y sus habitantes a ocupar distintos lugares de la geografía regional guayanesa, y ser, además, identificada a lo largo de su proceso de formación histórica, social y urbana con tres nombres distintos, a saber: Santo Tomé de Guayana, Nueva Guayana Angostura del Orinoco y Ciudad Bolívar, la errante capital colonial venezolana, conservó su jerarquía política, unicidad y continuidad jurídica, es decir, su rango y posicionamiento como capital de la gobernación de Guayana, luego de la provincia del mismo nombre, hoy del estado Bolívar. Los autores coinciden en afirmar que la mudanza de la ciudad a Angostura se concretó entre 1764-65. Aproximadamente 537 personas fueron trasladadas al nuevo lugar. Le correspondió esa honrosa, y nada fácil misión al gobernador y Comandante de la Provincia Separada de Guayana, Joaquín Sabas Moreno de Mendoza, quien echó los cimientos de la nueva ciudad, obra incipiente que con el correr del tiempo y la labor de otros empecinados y progresistas gobernadores, logró consolidarse y transformarse en la auténtica capital provincial de la Guayana colonial y republicana de hoy.
El 22 de mayo de 1764, según fuentes documentales y cartográficas de la época, fue bautizada la primera obra militar para la defensa de la naciente ciudad: El Fortín de San Gabriel; cuya fecha inaugural, simbólicamente, fue adoptada por las autoridades locales bolivarenses en el siglo XX, como Día de la Ciudad. Sea por tanto propicia la festividad que nos convoca en esta ocasión, para recomendar, una vez más, a las instituciones del estado Bolívar, el estudio, enseñanza y reconocimiento institucional de la Instrucción Real del 5 de junio de 1762; este documento jurídico, publicado por primera vez en Guayana, por Don Bartolomé Tavera Acosta, en su obra “Anales de Guayana”, que luego transcribimos íntegramente en nuestras obras: “La Histórica Mudanza” y “Ciudad Bolívar: Una visión historiográfica sobre su origen y su paisaje natural y humanizado”, ha sido ignorado por la historiografía local y regional, no obstante, ser portador del más importante basamento jurídico-administrativo, valor documental probatorio e irrefutable de ese histórico acto político e institucional que dio vida a Angostura, hoy, Ciudad Bolívar. En este importante documento subyacen las raíces fundacionales de nuestra ciudad capital. Angostura o Ciudad Bolívar, no tendrán “Acta de Fundación” conforme a las Ordenanzas de Felipe II de 1573, como otras importantes ciudades de Venezuela, pero, tiene este valioso documento que exhibir como prueba tangible de su auténtico origen político-territorial y jurídico; caso muy distinto a lo que ha sucedido con Santo Tomé de Guayana, de la cual, aún hoy en día no existen pruebas fidedignas documentales que avalen su auténtica fecha de fundación el 21 de diciembre de 1595. No olvidemos que la aceptación de esa fecha, fue el resultado de las acuciosas investigaciones realizadas por el reconocido historiador y documentalista Pablo Ojer, cuyas conclusiones lo condujeron, a proponer esa fecha, hoy aceptada por la comunidad académica, dentro y fuera de nuestro país.
Ahora bien, los orígenes de la historia republicana de esta ciudad, en particular, su contribución al logro de los objetivos de la guerra de independencia, desde nuestro punto de vista, son de los más interesantes ocurridos en nuestro país. Las particularidades y características que adquirió este proceso en Guayana son únicas en el escenario provincial venezolano del siglo XIX. La incorporación y participación de esta provincia en la guerra de independencia, aunque tardía (1817), fue estratégicamente decisiva al triunfo de la revolución, a nivel continental. De esa época datan sus referentes históricos más ilustres, los que la reconocen como: Ciudad Histórica, Altar de la Patria, Ancla de la República, Ariete Intelectual de la Empresa Libertadora, Capital Provisional de Venezuela, Cuna del Periodismo Libre en Venezuela y Cuna de la República de Colombia, en fin, honoríficos y merecidos títulos, derechos y privilegios ganados por la icónica ciudad por su indiscutible rol protagónico en favor de la Magna Guerra de Independencia venezolana y Suramericana en el siglo XIX. Avanzada su vida republicana, en 1846, a solicitud de las autoridades y habitantes de Angostura, el nombre de la ciudad fue oficialmente sustituido por Ciudad Bolívar para rendir homenaje al Padre de la Patria, inaugurando una etapa en la que la ciudad no solo exhibe un nuevo nombre, sino, un nuevo rostro. En la segunda mitad del siglo XIX, el paisaje humanizado de Ciudad Bolívar experimentó una notable transformación, contribuyendo de manera determinante en la definición y configuración del paisaje urbano y cultural que conocemos hoy.
Cuando se repasa la historia de esta ciudad, sus antecedentes, sus viejas y nuevas estructuras, cuando se piensa en las huellas tangibles e intangibles dejadas por quienes antecediéndonos en el tiempo, idearon y se empeñaron en hacer de Santo Tomé de Guayana, Angostura o Ciudad Bolívar, una auténtica ciudad, no podemos menos que pensar en la certera visión de Don José Solano y Bote quien, a pesar de haber sido enviado a Guayana por Carlos III en el siglo XVIII a observar y evaluar la difícil situación limítrofe de las posesiones españolas con las portuguesas en Suramérica, su experta y aguda visión política le permitió reconocer la importancia geoestratégica de Guayana; pues, detectó el estado de inseguridad del territorio, su inestabilidad, escasa población; pero, sobre todo, el atraso y pobreza que experimentaba la capital provincial, Santo Tomé de Guayana, lo cual, sin duda debió perturbarlo. Pues, al término de aquella importante misión Solano y Bote dirigió al monarca español un amplio y detallado informe (1762) en el que le formuló las recomendaciones qué en su criterio, asegurarían a España, no solo el resguardo y progreso de la ciudad capital de esta provincia, sino también, promover el poblamiento y colonización del extenso, rico y estratégico territorio sur del Orinoco: Guayana.
En ese contexto se inscribe la decisión del monarca español de ordenar la mudanza de la capital provincial, ubicada entonces muy cerca de las bocas del río Orinoco, “34 leguas rio arriba”, al sitio que hoy ocupa la Ciudad Bolívar de nuestros días. La misma que a mediados del siglo XIX, casi cien años después de su edificación, inspiró a Francisco Michelena y Rojas a escribir y resumir –tal vez- una de las más completas descripciones de todas cuantas se han elaborado de la vieja e icónica “ciudad recostada al río”, como poéticamente la define la escritora Teresa Coraspe; más aún, si se considera que entre 1855 y 1859, período en el que el viajero universal estuvo estrechamente vinculado a Guayana y redactó su respetado Informe Oficial, había visitado infinidad de ciudades de América, Europa, Asia y África.
Así dejó para la posteridad Michelena y Rojas su experta y generosa visión sobre el paisaje natural y humanizado de Ciudad Bolívar: “…se halla situada a un regular declivio, bastante para hacerla parecer un anfiteatro y aprovechar los vientos que la refrescan periódicamente; tiene además la colina sobre la que está construida bastante base para extenderse a las márgenes del rio, como se está haciendo al Este de la ciudad, no solo frente a la hermosa alameda, compuesta de los más frondosos árboles tropicales, que se prolonga a gran distancia en toda la orilla, sino también continuando, como hasta ahora, á cegar una pequeña laguna que existe frente al paseo mismo. Cuando esto suceda, que será muy pronto, (…) Ciudad Bolívar será uno de los mejores climas de la República y una de las más agradables residencias. En esa colina las principales calles descienden al río de Sur a Norte; en su vértice se encuentra la plaza principal rodeada de regulares edificios, entre ellos la Iglesia catedral, aseada y de buen gusto, y el colegio nacional (de Guayana), que además de llenar satisfactoriamente las necesidades de la escasa población, tiene el mérito de haber servido para la instalación del segundo congreso de Venezuela, en circunstancias en que casi todo el país se hallaba ocupado por los españoles. Allí fue también en donde los representantes de Venezuela y Nueva Granada, crearon y oficialmente anunciaron al mundo la existencia política de (la República de) Colombia…”. Realmente elogiosas son sus reflexiones sobre el paisaje de la ciudad: “… Pocas ciudades hay en el mundo, muy pocas, tan bien situadas, a orillas de un majestuoso río, (…), y que pueda embarcarse a bordo de un navío de línea sin más que atravesar los 20 pasos de calle que lo separan del buque; tampoco habrá muy pocas calles, en un clima cálido como Angostura, en donde sus habitantes se paseen o hagan a cubierto sus transacciones comerciales debajo de galerías espaciosas, cómodas y elegantes; y si se quisiese más fresco, los dos rangos de copados árboles de la Alameda, satisfacerían ampliamente sus deseos. En lo general la ciudad es bonita, aseada, bien empedrada, y las aceras enladrilladas. Hay muy buenas casas, y algunas mejores de las mejores de la capital de la República (…); o la policía es muy bien hecha, o la población es muy bien inclinada, porque no se ven robos ni desmanes de otra naturaleza”. El Viajero Universal, como también es reconocido Michelena y Rojas, describió aspectos sobre el progreso social y educativo; el dinamismo alcanzado por el comercio de exportación e importación por el Puerto de Ciudad Bolívar, sorprendido “por su extensa navegación fluvial y marítima, que incluía: Trinidad, Cumaná, Margarita, Barcelona, La Guayra y todas Las Antillas, (…) se extiende a todo el Apure, Guárico, Portuguesa, Guaviare, Barinas, Mérida y muchos puntos intermedios; y remontando el Orinoco, por el Arauca hasta la villa de su nombre; por el Meta, a Casanare; sigue por todos sus tributarios esparciendo comodidades y vida por todas aquellas llanuras, poblaciones y caseríos; trayendo en retorno, además de metálico, sus variadas como valiosas producciones”. Finaliza Michelena su valioso testimonio haciendo referencia a los conflictos políticos característicos de la Venezuela de la segunda mitad del siglo XIX, y sus efectos en Guayana, al respecto reconoce: “…cuando todo el país ha sufrido horriblemente de las guerras civiles, aquella (Guayana) ha disfrutado de la más profunda paz, sin tomar parte alguna en los partidos contendientes, obedeciendo a los gobiernos reconocidos, cualquiera que fuesen, y ocupándose exclusivamente de los medios de desarrollar su industria. Esto explica por tanto la causa de su prosperidad. (…)”
Sin duda alguna, al indagar en las fuentes documentales, bibliográficas, cartográficas, crónicas y relatos que tratan sobre el interesante proceso de formación histórica, social y urbana de Ciudad Bolívar, la antigua Angostura, no deja de sorprendernos cómo una ciudad que emergió en las últimas tres décadas del siglo XVIII venezolano, cargando sobre sus hombros la dramática, pesada, triste y accidentada historia de Santo Tomé de Guayana; ubicada geográficamente en la región más accidentada, aislada, despoblada y desasistida de la antigua Capitanía General de Venezuela, logró echar sus cimientos con tal estabilidad y fortaleza, que hoy, doscientos sesenta y dos años después, no solo ofrece un sólido paisaje urbano que emociona y subyuga; sino también, ha acumulado un rico patrimonio histórico y cultural tangible e intangible, como pocos en la provincia venezolana, por su volumen, estado de conservación y diversidad; en cuyo contexto urbano, sin duda, destacan emblemáticos edificios, testigos mudos de memorables momentos de nuestra historia republicana, y donde se ofrendaron grandes servicios a la Patria Grande americana.
En fin, hagamos de este nuevo aniversario de “Ciudad Bolívar, la eterna Angostura del Orinoco”, una ocasión propicia para estrechar los lazos que nos unen a ella, fortalecer los vínculos que nos identifican a su pasado, su presente y su futuro. Ante las actuales circunstancias geopolíticas, sociales, económicas y culturales que vive nuestra región, y en general nuestro país como nación, resulta imperativo mancomunar ideas, esfuerzos y voluntades en la búsqueda de soluciones en favor del desarrollo, crecimiento humano y fortalecimiento del gentilicio ciudadano e institucional en general. En ese sentido, oportuno es proponer un ejercicio pedagógico que haga posible convertir, en un instrumento de transformación y reflexión, el estudio, conocimiento y discusión de nuestros procesos históricos, sean éstos, locales, regionales o nacionales. Hildelisa Cabello Requena

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