Columna: Desde El Orinoco

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¿Cómo tratamos a nuestros abuelos?

Deseo compartir con mis apreciados lectores, esta impresionante historia de un hombre honorable que estaba sometido a un juicio injusto. La historia esta publicada en la página web Historias Biografías: https://historiaybiografias.com/anecdotas/#anecdota12

La historia es la siguiente:

“Es posible que este cuento cobre más significado a medida que pasan los años, pero debemos aprenderlo cuando somos jóvenes, en aras de la generación que nos precede.
Érase una vez una débil anciana cuyo esposo había fallecido dejándola sola, así que vivía con su hijo, su nuera y su nieta.

Día tras día la vista de la anciana se enturbiaba y su oído empeoraba, y a veces, durante las comidas, las manos le temblaban tanto que se le caían las judías de la cuchara y la sopa del tazón”.

“El hijo y su esposa se molestaban al verle volcar comida en la mesa, y un día, cuando la anciana volcó un vaso de leche, decidieron terminar con esa situación.

Le instalaron una mesilla en el rincón cercano al armario de las escobas y hacían comer a la anciana allí”.

“Ella se sentaba a solas, mirando a los demás con ojos enturbiados por las lágrimas. A veces le hablaban mientras comían, pero habitualmente era para regañarla por haber hecho caer un cuenco o un tenedor”.

“Una noche, antes de la cena, la pequeña jugaba en el suelo con sus bloques, y el padre le preguntó qué estaba construyendo”.

“Estoy construyendo una mesilla para mamá y para ti —dijo ella sonriendo—, para que podáis comer a solas en el rincón cuando yo sea mayor.
Sus padres la miraron sorprendidos un instante, y de pronto rompieron a llorar.

Esa noche devolvieron a la anciana su sitio en la mesa grande. Desde entonces ella comió con el resto de la familia, y su hijo y su nuera dejaron de enfadarse cuando volcaba algo de cuando en cuando.

¿Qué les parece la historia?

Creo que este aleccionador relato, nos debe a hondas reflexiones. Los ancianos representan a esas personas que ha sabido vivir, que superaron sus difíciles etapas en la vida y que “sus canas” son inocultable testimonio de experiencia, sabiduría, responsabilidad, reflexión o disponibilidad, tanto de tiempo como de posibilidades, también son seres llenos de paciencia y generosidad con sus semejantes.

Su hablar parsimonioso, agradable, atento y llenos de consejos para quienes les escuchan, son una “carta de presentación” de las personas mayores.

Lastimosamente, en muchas naciones actuales la vida se orienta a tener más que a ser o estar, a la eficiencia más que al esfuerzo, a lo material frente lo espiritual, a la mal llamada belleza física versus la fealdad, y a los resultados en vez del proceso.

Podríamos afirmar que en muchos casos se impone lo inmediato, la rápido, en vez de la serenidad o la reflexión, así como se estimula el consumo y el despilfarro, frente a la parquedad o la moderación.

¿Cómo afecta esto a los adultos mayores?

Obviamente, las personas mayores y ancianos, salen desfavorecidos ante estos actuales paradigmas, lo cual nos lleva a subestimarlos, subvalorarlos y hasta “dejarlos” de lado.

Se comenta, con frecuencia, que todos los seres humanos esperamos llegar a viejos, que el tiempo pasa inexorablemente para todos y que tarde o temprano, si cuidamos de nuestras vidas, llegaremos a ser ancianos.

El dilema es, apreciados lectores, que todo el contexto anterior implica una subestimación a los ancianos y ello genera el temor a la vejez. Nadie quiere sentirse “estorbo” o mal tratado cuando ya no tenga la fortaleza física o las condiciones de la juventud.

Las canas traen sabiduría y muchos buenos atributos, pero trae consigo la lentitud y la pérdida de fuerza física y vigorosidad.

La llamada tercera edad es fase de equilibrio, de serenidad, de satisfacción por el pasado, por lo hecho y vivido; es época de mucho sentido común, buena intención, experiencia y valiosos conocimientos de vida, que son esenciales para las nuevas generaciones.

Se comenta que cuando somos jóvenes aprendemos y cuando somos viejos entendemos, reflexionamos, relacionamos y sabemos cuándo usar esos conocimientos.

Para concluir, les dejo algunos hermosos pensamientos sobre los ancianos

“Yo nunca seré viejo, porque para mí ser viejo es siempre tener diez años más de los que tengo” (Bernard Baruch).

“En la vejez no nos deben preocupar las arrugas del rostro, sino las del cerebro” (Ramón y Cajal).

“Saber envejecer es la mayor de las sabidurías y uno de los más difíciles capítulos del gran arte de vivir” (Enrique Federico Amiel).

“Y si fuego es lo que arde en los ojos de los jóvenes, luz es lo que vemos en los ojos del anciano” (Víctor Hugo).

“Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo” (Sainte Beuve).

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Waldo Negrón

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