Columna: Desde El Orinoco

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¿Cuán importante es enseñar a pescar?

“Si le damos un pescado a un hombre, lo alimentamos por un día, si lo enseñamos a pescar, lo alimentamos por siempre”.

Este viejo adagio popular, tiene plena vigencia en los tiempos actuales. Apoyándome en esa expresión coloquial, quiero compartirles, una historia escrita por Pedro Pablo Sacristán, publicada en la página web:

https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/un-alto-en-el-camino

“En un lejano país hubo una vez una época de gran pobreza, donde sólo algunos ricos podían vivir sin problemas. Las caravanas de tres de aquellos ricos coincidieron durante su viaje, y juntos llegaron a una aldea donde la pobreza era extrema.

Era tal su situación, que provocó distintas reacciones a cada uno de ellos, y todas muy intensas”.

“El primer rico no pudo soportar ver aquello, así que tomó todo el oro y las joyas que llevaba en sus carros, que eran muchas, y los repartió sin quedarse nada entre las gentes del campo. A todos ellos deseó la mejor de las suertes, y partió.
El segundo rico, al ver su desesperada situación, paró con todos sus sirvientes, y quedándose lo justo para llegar a su destino, entregó a aquellos hombres toda su comida y bebida, pues veía que el dinero de poco les serviría”.

“Se aseguró de que cada uno recibiera su parte y tuviera comida para cierto tiempo, y se despidió”.

“El tercero, al ver aquella pobreza, aceleró y pasó de largo, sin siquiera detenerse. Los otros ricos, mientras iban juntos por el camino, comentaban su poca decencia y su falta de solidaridad”.

“Menos mal que allí habían estado ellos para ayudar a aquellos pobres…
Pero tres días después, se cruzaron con el tercer rico, que viajaba ahora en la dirección opuesta. Seguía caminando rápido, pero sus carros habían cambiado el oro y las mercancías por aperos de labranza, herramientas y sacos de distintas semillas y grano, y se dirigía a ayudar a luchar a la aldea contra la pobreza”.

“Y eso, que ocurrió hace tanto, seguimos viéndolo hoy. Hay gente generosa, aunque da sólo para que se vea lo mucho que dan, y no quieren saber nada de quien lo recibe. Otros, también generosos, tratan de ayudar realmente a quienes les rodean, pero sólo para sentirse mejor por haber obrado bien”.

“Y hay otros, los mejores, a quienes no les importa mucho lo que piense el resto de generosos, ni dan de forma ostentosa, pero se preocupan de verdad por mejorar la vida de aquellos a quienes ayudan, y dan mucho de algo que vale mucho más que el dinero: su tiempo, su ilusión y sus vidas”.

Impactante historia, ¿verdad?

Vivimos tiempos muy turbulentos. La pandemia afectó sensiblemente al mundo. No solamente generó cuantiosas pérdidas humanas, también trajo duras recesiones y negativos impactos en la economía mundial.

Se requiere, cada día más, una creciente solidaridad social y generosidad para ayudar a tanta gente necesitada y quienes viven en precarias condiciones.

La solidad social, los buenos sentimientos y la esencia humana de ayudar a los más necesitados, es un prioridad mundial.

Ahora bien, esa solidaridad debemos saberla entender y aplicar. Obviamente, hay ocasiones en que debemos dar de comer al necesitado, medicinas al enfermo y ayudar a quienes atraviesan emergencias o hasta inhumanas condiciones de vida. No obstante, apreciados lectores, debemos tener muy presente el adagio popular y la historia referidos en estas reflexiones.

Lo más relevante, trascendente y conveniente es “enseñar a pescar”. Debemos educar, preparar y desarrollar las habilidades de esas personas necesitadas, darles el respaldo y la formación necesarios para que ellas se valgan por sí mismas y puedan llevar una vida independiente, productiva y beneficiosa para ellas y la sociedad que los rodea.

El mundo necesita a sus seres humanos productivos, preparados y que desarrollen sus talentos para depender de ellos mismos. Dar ayuda, sin enseñarles a ser independientes y productivos, se convertiría en “eternas ayudas” las cuales no permiten que esas personas salgan de su pobreza, de manera definitiva.

Afortunadamente, tenemos una creciente y estimulante actividad internacional, que realiza esa labor de solidaridad y apoyo formativo, a los llamados sectores más vulnerables de la sociedad.

Gente solidaria, seres humanos de buen corazón, dedicados a promover la ayuda al prójimo y prepararlos para que se valga por sí mismos, hacen unas mejores sociedades.

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Waldo Negrón

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