Despedida

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I. La finitud del tiempo

La vida, en su incesante ciclo, nos impone la finitud del tiempo. Ese concepto que enmarca la existencia y los eventos en una medida tangible: segundos, minutos, horas, años y vidas. Un ciclo interminable de nacer, reproducirse y morir; una simplicidad en la naturaleza, un experimento continuo de la evolución en pos del equilibrio con las fuerzas cósmicas que conforman el todo y la nada.

II. La complejidad humana

La vida se torna compleja cuando intervenimos los hombres con nuestra carga emocional, con una inteligencia desproporcionadamente más orientada hacia la destrucción que hacia la construcción.

Vivimos y morimos en millones de ciclos, una medida infinitesimal comparada con la vida del planeta y con la edad de la creadora y destructora de vidas: ¡la Naturaleza! Ella, en su constante experimentación con la vida, crea y extingue criaturas a voluntad, siempre buscando el equilibrio con los recursos del planeta.

III. El experimento más complejo

Nosotros, quizás el experimento más complejo de la Naturaleza, hemos resultado en una criatura controversial, totalmente impredecible para nuestra creadora. Poseemos dones nunca antes vistos en magnitud en criaturas previas: la capacidad de crear y operar artilugios, y la capacidad de destruir mundos.

Qué difícil para nuestra madre Naturaleza, nuestra Pachamama, soportar nuestra existencia, nuestra irreverencia ante todo lo que nos rodea y nos brinda soporte de vida. Somos especiales y a la vez peligrosos en magnitud apocalíptica.

IV. Criaturas bípedas

Somos humanos, extrañas criaturas bípedas que han dominado la tierra, el agua, el cielo y el fuego. Hemos dañado, extinguido, contaminado y perjudicado el planeta en proporciones inimaginables para la mayoría de aquellos que aún se creen por encima de las fuerzas cósmicas que gobiernan el universo.

V. La sabiduría infinita de la Naturaleza

La Naturaleza, en su sabiduría infinita y capacidad regenerativa, nos invita a diario a rectificar nuestro destino hacia la extinción masiva. Nos enseña a vivir en equilibrio, a enmendar la destrucción de hábitats, a reducir el consumismo superfluo, carente de sentido evolutivo y de mejora en el uso racional de nuestros recursos disponibles: la tierra, bosques vírgenes, ríos, lagos y océanos.

VI. Un desafío para la humanidad

Debemos proteger la vida del planeta, priorizar nuestras necesidades hacia la sustentabilidad y la coexistencia con el planeta y la vida que nos rodea.

La humanidad es resiliente, pero la naturaleza lo es más. La oportunidad de unirnos a ella en la búsqueda del equilibrio para la existencia de nuestra especie con todas las demás es un desafío para el hombre, pero una obligación para el planeta. Si no cambiamos, iremos a la Sexta Extinción Masiva. La naturaleza se reseteará y comenzará de nuevo el experimento de la vida.

VII. Un llamado a la armonía

Debemos volver a vivir en armonía con el planeta.

José Manuel Rodríguez Gómez

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