La Avaricia como fuente de abusos y de injusticias

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Es literalmente, el afán desordenado de adquirir y atesorar riquezas. 


Vale traer a colación, para empezar, la Palabra de Dios, que aparece en el Evangelio de Lucas, Capítulo 12, versículos del 15 al 19, donde Jesús, antes de la narración de la parábola, les aconsejó a sus discípulos así: «Guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre, no consiste en la abundancia de los bienes que posee».

Seguidamente, les narró la parábola de un hombre, que ya era rico de mucho tiempo atrás, que sin embargo, decidió ampliar sus graneros, porque tenía muchos frutos por guardar, y después se dijo a sí mismo: Reposa, come, bebe y gózate en ello; pero Dios le dijo: «necio, esta noche vienen a pedir tu alma y lo que tienes, ¿para quien será?. También les dijo: «Procurad el reino de Dios y su justicia, que lo demás les será añadido; y donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón».

Las riquezas no son malas en sí, pero ponen en riesgo a algunos que, terminan endureciendo su corazón a causa de las riquezas y algún día en el tiempo de Dios, tendrán que rendir cuentas, porque al que mucho se le ha dado, mucho se le pedirá.

La noticia de la existencia de los 10 personajes más ricos del mundo y los montos de sus fortunas, asombra por lo desmedido de esas cantidades, que ameritaría de varias vidas para poderlas administrar y disfrutar. El contraste con los millones de pobres que existen en el mundo actual es abismal.

Naciones enteras podrían beneficiarse con sólo una parte de esas fortunas billonarias y así tenemos el ejemplo de África, sumida en una pobreza extrema, a pesar de que en su subsuelo hay valiosos recursos, que de ser extraídos y administrados en condiciones adecuadas, remediarían sustancialmente tantas carencias, humanizando su situación.

También otros países que sufren la misma miseria, podrían favorecerse si estos personajes multimillonarios, elevaran un poco su consciencia, al saber que, solo el Dios Creador es dueño de toda la tierra y de lo que hay en ella. El hombre es sólo un administrador.

Los grandes abusos, cometidos por el ser humano, han depauperado la tierra y provocado desastres naturales, que han contribuído, a hacer más críticas las condiciones de habitabilidad, de poblaciones enteras, que se ven obligadas a migrar, buscando otros horizontes, sin poderlos encontrar, acrecentando la pobreza cada vez más, mientras la avaricia avanza a pasos agigantados y hasta en los tiempos de pandemia, los grandes millonarios han acrecentado sus fortunas.

El afán excesivo de riquezas, no tiene límites morales ni éticos y allí es donde se manifiesta la codicia, que va ligada de alguna manera a la avaricia y algunos la comparan con la sed que no calma el agua salada, sino que la aumenta.

La codicia es causa de deudas financieras, burbujas económicas y está al origen del colonialismo y la esclavitud, que es el peor de los males que ha padecido la humanidad.

¡¡Señor!!, guárdanos de comportamientos que anulen nuestra sensibilidad, ante las necesidades de los pobres, endureciendo el corazón. Líbranos de la avaricia, por Jesucristo. Amén.

Edilia Mata Rodulfo

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