«La sociedad de la nieve», una historia sobre la vida y la muerte

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De norte a sur y de este a oeste no se habla de otra cosa que no sea del “Milagro de los Andes”. El accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que ocurrió el viernes 13 de octubre de 1972 dejó de ser un vago recuerdo en la memoria colectiva, sobre todo de generaciones como “Baby Boomer” o la X, para que los Millenials y Z hablen de la tragedia como si hubiese ocurrido ayer, después que Netflix incorporara en su parrilla de programación el filme “La sociedad de la nieve”.

La historia se revive 40 años después de aquel terrible suceso. El director español J. A. Bayona lideró este millonario proyecto que aspira a cuatro Óscar y que se mantiene en los primeros lugares de las películas más populares del gigante del streaming, donde millones de personas ven ante sus ojos la angustiante caída de un enorme avión en el glaciar Las Lágrimas, a 3570 metros sobre el nivel del mar.

Bayona retrata casi al calco el fatídico vuelo en el que iban cinco tripulantes y 40 pasajeros, entre ellos 19 miembros del equipo de rugby Old Christians Club, algunos de sus familiares, simpatizantes y amigos. El frío de los Andes traspasa la pantalla y llega a helar la sangre del espectador, testigo ocular de lo que tuvieron que hacer los sobrevivientes para mantenerse con vida.
“(…) Yo creo que todas esas sutilezas impresionantes que la película tiene del comportamiento humano hacen que tenga esa riqueza, que cuando termina la película todo el mundo queda mudo y no sabe bien que le pasó un tren por encima de su alma. Y entonces, te muestra lo que fue la interacción en la montaña”, dijo Roberto Canessa, uno de los sobrevivientes del “Milagro”, en entrevista con “Shirley Radio”, a propósito de “La sociedad de la nieve”.

Aproximación artística
No fue sino hasta que vio “La sociedad de la nieve” que Canessa conoció “situaciones que no sabía porque estaban sucediendo dentro del fuselaje con los heridos y yo estaba afuera caminando y haciendo otras cosas. El ser humano enfrentado a la adversidad no deja de ser siempre una rica fuente de conocimiento”.

Historias que se imprimieron en el libro homónimo de Pablo Vierci y que Bayona adaptó en un guion para luego dirigirlo de manera sublime, de modo que una realidad brutal a -30 grados de temperatura y varias avalanchas deja profundas reflexiones gracias a diálogos poderosos, fotografía impecable, banda sonora de lujo y actuaciones insuperables.

Una de ellas es la de Enzo Vogrinci, actor que le da vida a Numa Turcatti, quien lamentablemente no volvió de la montaña.

Para el ahora cardiólogo infantil, que en ese entonces era un cursante de medicina, “una película no deja de ser una aproximación artística que tienes que contar de manera que la gente se interese; sino, sería un documental. Entonces el director decidió ver desde la cabeza de Numa cómo iban sucediendo los acontecimientos y además de esa manera ver los diferentes perfiles de diferentes personajes que estaban allí. Él humaniza la historia”.

Era la única manera de relatar los hechos que todavía se discuten luego de cuatro décadas de lo ocurrido, pues hay quieres se retuercen al saber que los sobrevivientes debieron comer carne humana de sus compañeros muertos, mientras otros llegan a señalarlos.

Dicotomía
Este dilema ético y moral en torno a la antropofagia no la comparte Roberto Canessa ni los que estaban montaña arriba, donde vivieron y sufrieron la terrible experiencia.

Por eso, continuó el galeno, “la película está muy bien hecha en ese sentido. Es obvio que hay una manera de ver lo que nos pasó y para la gente que no estuvo lo más horrible fue eso, pero para nosotros no fue lo más espantoso. Lo más espantoso fue la avalancha, la incertidumbre, ver gente morir y pensar que el próximo podías ser tú… no te daba lástima por él, sino por ti”.

Agregó que hay “un montón de características que hacen que esta película sea fascinante, porque lo que logra Bayona es retratar esa sociedad de la nieve, es decir, de rugbistas que iban a divertirse a Chile a sobrevivientes a 30 grados bajo cero y a 3500 metros de altura; es decir, toda esa capacidad de metamorfosis del ser humano es lo que hace a la película fascinante, de poder demostrar esa capacidad interna que tenemos de adaptarnos. Fue una manera de adaptación, de saber que la comida eran los muertos. Todas esas características no son habituales y después salirte de la sociedad de las nieves, enterrar a tus amigos y la vida sigue”.

Puede que para algunos sea repulsivo y repudiable la idea de comer carne humana, pero para el médico no. Tampoco guarda remordimientos y, en cambio, cree que si él hubiese muerto, habría sido “un honor que hubieran usado mi cuerpo para un proyecto de vida, en lugar de engordar gusanos en un cementerio”.
Hoy, como cardiólogo infantil, hace trasplantes cardíacos de niños que empiezan a vivir a partir de otro que no pudo seguir adelante, tal como lo detalló. Cree que lo que vivió en los Andes lo hizo darse cuenta que si algo muere puede transformarse en vida, “características que capaz estuvieron moldeadas por la montaña”.}

A prueba
Retratar esa realidad en el cine con la esencia que tuvo para las jóvenes víctimas de las circunstancias no solo fue responsabilidad del director español, sino también de los protagonistas, quienes fueron a dar hasta el glaciar Las Lágrimas, a 3570 metros sobre el nivel del mar, para recrear lo que vivieron durante 72 días los héroes uruguayos en 1972.

Al respecto, Matías Recalt comentó a El1 de Argentina que “la película me puso a prueba como actor en un montón de sentidos. Quizás yo venía creyéndome que era más fácil actuar y de golpe te encuentras con proyectos que (te hacen darte cuenta que): ‘ah, ok, me falta un montón todavía’, y esa fue una buena cachetada de este proyecto que me hizo darme cuenta que me falta aprender un montón y que todavía hay un montón de lugares que no conozco de mi actor”.

No obstante, darse cuenta de eso fue algo bueno, porque cuando el camino se vuelve difícil, dijo, el resultado es más satisfactorio. En el caso de un personaje tan profundo como el de Canessa, que se encargó de interpretar, “creo que te movilizan y algo que me pasó por ejemplo es que yo en el proceso de rodaje me sentía Canessa, obviamente, pero había mucho a Matías también. Quizás no me sentía tan adentro de personajes y cuando volví a mi casa, después de tanto tiempo, me di cuenta de que recontra estaba dentro del personaje”. UN

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