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Leopoldo Sucre Figarella: el hombre que construyó la gran Guayana

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“Tenemos que empezar por ser exigentes con nosotros mismos… Y así, empezando a ser exigentes con nosotros mismos, podremos y tendremos el derecho y el deber de ser exigentes con los demás…» L.S.F.

Hay personas que nacen para dejar una huella indeleble en la historia. Mientras el tiempo, como implacable ductor de la memoria, borra los recuerdos de muchos, pero en otros los fortalece, los engrandece y los vuelve eternos.

Uno de esos casos excepcionales fue Leopoldo Sucre Figarella, nacido el 1° de agosto de 1926 en el pueblo minero de Tumeremo, estado Bolívar, hijo de José Manuel Sucre Ruiz e Inés Matilde Figarella.
Leopoldo Sucre tiene el reconocimiento de ser uno de los más exitosos gerentes públicos de la historia venezolana. Su legado es un faro y guía para las nuevas generaciones de líderes, que desean reconstruir esta patria, tan necesitada hoy del ejemplo, de la firmeza y la visión que él encarnó.

Hombre de proceder reservado, observador, riguroso y meticuloso, dotado de un férreo sentido del deber, entendía que el tiempo era un recurso sagrado, y lo administraba con una exigencia inflexible, que lo distinguió entre sus contemporáneos. Su gestión fue símbolo de eficiencia, y sus obras hablan hoy con más elocuencia que mil discursos.

Dio sus primeros pasos en el Colegio Peñalver de su querida Ciudad Bolívar y graduándose como ingeniero civil en la Universidad Central de Venezuela. Brilló por su solvencia técnica, honestidad y vocación de servicio. En 1960, siendo muy joven, fue designado Gobernador del estado Bolívar, y más tarde ocupó los ministerios de Obras Públicas y de Comunicaciones.  Así, comenzó a forjarse la leyenda del hombre al que el pueblo llamaría con justicia… El Constructor de la Democracia.

Su sello está impreso en obras icónicas como el Distribuidor La Araña, la Avenida Boyacá, la segunda etapa de la Avenida Libertador, el puente Rafael Urdaneta sobre el Lago de Maracaibo, y el imponente puente Angostura sobre el majestuoso río Orinoco, uno de los más notables puentes colgantes del continente.

Durante el gobierno de Jaime Lusinchi, fue designado presidente de la Corporación Venezolana de Guayana, con rango de ministro de Estado. Con la misión de impulsar el desarrollo integral de la Región Guayana y consolidar el complejo energético e industrial más ambicioso del país.

El ministro Sucre, hombre de ejecución y de pocas palabras, emprendió un vertiginoso desarrollo de la Región Guayana, conformada por el estado Bolívar, Delta Amacuro y Amazonas, incluyendo una zona de Monagas, con el inmenso e increíble bosque de pinos caribe en una cálida sabana arenosa, exitoso experimento de la siembra del pino caribe, materialización del sueño de su creador J.J. Cabrera Malo.
La Gran Guayana inició un indetenible y exitoso desarrollo, que fue conocido como la “época dorada de Guayana”, cuya noticia trascendió las fronteras, viéndose manifestaciones de interés de muchos países, por conocer y participar del exitoso programa.

La Gran Guayana se convertiría en la clave del desarrollo de Venezuela.
Bajo su conducción se construyeron las centrales hidroeléctricas de Macagua y Caruachi, se culminó la segunda etapa de la represa Raúl Leoni en Guri, y se expandieron las capacidades de Sidor y Ferrominera.

La región fue transformada, pero no solo se desarrolló la industria pesada, también se atendió a la ciudad y al ciudadano. La CVG, bajo su liderazgo, fue un auténtico ministerio de desarrollo. De allí nació el apelativo con el que fue llamado… El Zar de Guayana.

Sucre impulsó un sistema industrial integrado sin precedentes, desde el proceso integral del aluminio, pasando por la generación de energía limpia desde la represa Raúl Leoni en Guri. Las empresas básicas pasaron de números rojos a azules. La visión de cadena productiva y valor agregado se convirtió en una realidad, elevando a Venezuela, como una potencia mundial en la producción y comercialización de aluminio.
Abrió las puertas al desarrollo y al futuro, con la construcción de las autopistas Ciudad Bolívar–Puerto Ordaz–Upata y la carretera pavimentada hasta Santa Elena de Uairén, que permitió rutas hacia el corazón de la enigmática Gran Sabana y a las fronteras del país. Construyó hospitales en Caicara, El Callao y Santa Elena y puentes sobre los ríos Cuchivero, Suapure, Parguaza, Caura y Caroní.

Participo con ahínco en la infraestructura para impartir la justicia, mostró su pasión por la construcción de vías de comunicación, mejoro el suministro de agua potable y se le atribuye más del 80% de la infraestructura educativa en la región.
El ministro Sucre dividió la ciudad en sectores, para asignar a cada empresa de la CVG, responsabilidades concretas en la recolección de basura. Gracias a este modelo, Ciudad Guayana se convirtió en una de las ciudades más limpias del país. La belleza natural también fue prioridad para el ministro, donde las trinitarias y allamandas adornaban la avenida Guayana, entrada a la pujante ciudad, dando así una cordial y colorida bienvenida a propios y visitantes.

Su figura austera y exigente, escondía una profunda sensibilidad por la justicia social. Hombre de pocas palabras, rectitud incorruptible y convicciones profundas, dedicó su vida entera al progreso de Venezuela. Su compañera inseparable, doña Cruzana Ortega, mujer de gran temple y alto sentido de justicia, lo acompañó en esa difícil gesta.
Al cumplirse 99 años de su nacimiento, vale rendir un reconocimiento y singular homenaje a un venezolano excepcional. A un constructor de nación. A un Guayanés, que creyó como pocos, en el potencial de su tierra y de su gente.

Guayana y toda Venezuela están llamadas a honrar su legado, rindiendo un cálido homenaje en el Centenario de su nacimiento. Que su ejemplo sea semilla de esperanza para los nuevos tiempos que habrán de venir.
El verdadero legado de un hombre no está solo en lo que construye con sus manos, sino en lo que inspira con su ejemplo. Leopoldo Sucre Figarella nos enseñó, que el amor por Venezuela se demuestra trabajando por su grandeza.
Honor a quien honor merece.
Leopoldo Sucre Figarella, presente por siempre en el corazón de la Gran Guayana.

Amin Rivas Hernández 
 

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