El desaparecido jurista venezolano Alirio Abreu Burelli decía que los abogados no se habían dado cuenta de que los problemas familiares difícilmente pueden resolverse solo con el derecho. Unido a esto, y quizá con mayor grado de intensidad, están los conflictos que se presentan en las empresas familiares, que a veces se tornan irracionales e interminables. Entre los numerosísimos ejemplos de esto, se puede destacar el caso de los hermanos Dassler de la famosa empresa Adidas, que provocó la división de la conocida marca con Puma y que se mantiene a pesar de que sus protagonistas originales ya fallecieron, dejándole una herencia de odio a las posteriores generaciones de la familia.
Esto no solo se presenta en las grandes empresas, ya que hasta en las pequeñas sociedades familiares se sufre de ese mal, que siempre está latente cuando los desencuentros de familia arrastran a la empresa, principalmente cuando desaparece o se debilita la autoridad moral (personal y profesional) de los fundadores.
La tesis del doctor Abreu Burelli es que muchas veces los abogados no tienen claridad en la diferencia entre lo que es un conflicto que surge entre dos personas que no son nada más que personas vinculadas circunstancialmente por un contrato (o vínculo), y que al terminar y resolver sus diferencias de forma extrajudicial o judicial, pueden seguir su vida tranquilamente por distintos caminos. No es lo mismo el litigio de quienes están unidos por vínculos familiares que, independientemente del negocio y del conflicto, a futuro, siempre tendrán que soportarse, llegando a extremos en que los juicios, si es que algún día terminan, dejan un conflicto y sus consecuencias que permanecerán, convirtiéndose en ejemplos de los famosos procesos kafkianos que tienen más vida que sus protagonistas.
El tratamiento de los conflictos de las empresas familiares requiere de un conocimiento especializado, ya que tiene momentos determinantes para evitar que se produzcan, o formas diferentes para la solución cuando estos se desatan.
En primer lugar, hay que prestar especial atención a la constitución de empresas familiares, y siempre se debe prever una forma prudente y razonable de estructurar la administración, además de las alternativas muchas veces arbitrales para la solución de conflictos sin tener que llegar a los tribunales.
En segundo lugar, una vez planteados los conflictos, en vez de encargar su atención al litigante tradicional, a menudo contaminado por la toxicidad judicial, hay que buscar especialistas en mediación de conflictos familiares. Porque de lo contrario, el juicio se va a convertir en algo parecido a lo que retrata el poeta Rubén Darío en su famoso poema «Un Pleito» (o «El juicio de los dos gatos y el mono»).
En conclusión, sin decir nada nuevo y ante la indiscutible proliferación regional de conflictos de empresas familiares, se debe llamar la atención sobre las formas de solución, porque, como dicen algunos, no se puede medir la temperatura con un metro. Esto es lo que pasa cuando el tipo de problemas que nos ocupa queremos resolverlo de acuerdo con las reglas tradicionales de los procesos judiciales. Para superar esta deficiencia y formar una nueva generación de profesionales expertos en este tema, resulta imprescindible que en las especializaciones académicas se incorpore un curso de estudios avanzados sobre técnicas de prevención y solución de conflictos en empresas familiares. Dicho programa debe ser interdisciplinario, capacitando a consultores y abogados para que se desempeñen como mediadores estratégicos y puedan diseñar soluciones a la medida, como los protocolos familiares, que aborden tanto la dimensión legal como la emocional, porque en los conflictos de las empresas familiares, no solo se debe tomar en cuenta el interés individual de los litigantes, también hay que considerar el de la familia y el de la empresa.
José Carlos Blanco Rodríguez
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