¡Agua! es lo que piden los habitantes de la parroquia Pozo Verde y no precisamente para jugar Carnaval. Desde hace 13 años esta comunidad espera que el acueducto funcione correctamente para poder disfrutar del servicio como se lo merecen.
Los vendedores de tanques han hecho «su agosto» en los últimos años en los sectores rurales, dado que los vecinos prefieren mantenerlos llenos y no esperar que salga «una lágrima» por el grifo. Desde que se dañó la bomba de agua, el personal de Hidrobolívar ha ido a inspeccionar, pero no a solucionar.
«Solicitamos una planta de tratamiento con agua potable. La petición la hemos hecho a todos los organismos del Estado y no hemos recibido respuesta. Llenar un tambor de doscientos litros cuesta trescientos bolívares y no dura ni una semana», comenta Freddy Moreno, habitante desde hace 20 años del sector Las Mulas.
Pero no solo el sector mencionado padece esta problemática, también La Tigrera I y II. Por lo que esperan ser tomados en cuenta cuando se aprueben los recursos para iniciar este tipo de reparaciones en la ciudad.
VÍAS FRAGMENTADAS
A la falta de agua se suma el crítico estado de las vías agrícolas que impiden a los productores sacar sus cosechas. «Las vías no han tenido arreglo desde hace mucho tiempo y por eso quienes tienen parcelas han dejado de pasar porque dañan sus carros y tampoco hay repuestos», expresa Luis Rivas, agricultor desde hace 50 años, al tiempo que aseguró que estas vías «nunca han sido reparadas».
Aproximadamente, ocho kilómetros requieren asfaltado para que los 40 agricultores de la zona puedan seguir trabajando y cultivando las tierras donde se produce lechosa, yuca, maíz y algunas frutas cítricas. «Con las vías así el traslado es más difícil y eso nos lleva a aumentar el precio», agrega.
Alrededor de 60 asentamientos campesinos conforman Pozo Verde: Los Clavellinos, 19 de abril, Las mercedes, 24 de julio, La Tigrera I y II, Las mulas, El dique, Sierra Caroní, entre otros, y lo que predomina son las quejas por la ausencia del agua y de vías dignas que les permitan ir de un lugar a otro sin contratiempos.
UNA PROMESA QUE ESPERA SER CUMPLIDA
El tema de la vivienda también fue abordado por los vecinos, quienes aclaman la sustitución de ranchos por casas. «Aquí hay casas en muy mal estado, casas de zinc y hasta barracas que cuando se acerca el invierno pareciera que se vinieran abajo. Todas tienen sus tuberías, pero como que no están bien conectadas porque siempre se tapan o se dañan», indica Hilde Malavé, residente desde hace 12 años.
Esto lo confirma Eliángel Bermúdez, representante de la mesa de vivienda del centro comunal Manuelita Saenz, quien asegura que los gobernantes «prometieron cemento para seguir con las ampliaciones de las viviendas y nada».
«Aprobaron cuatro casas, de las 20 solicitadas en una oportunidad, y eso no es suficiente porque hay demasiada gente que necesita su hogar. Hay muchas invasiones, gente que vive hacinada. Más de cuarenta familias no tienen donde vivir», sostiene. En la zona se evidencian casas sin pisos, servicios, ni techos, por ende, personas que no son felices. Testifican que «a Pozo Verde no ha llegado la Misión Vivienda».
MÁS ESCUELAS
Las escuelas tampoco se dan abasto. Vecinos cuenta que en un salón reúnen a niños de segundo y tercer grado para que reciban sus clases porque no hay más espacio. Incluso, comentan que el comedor tuvo que arreglarse para que otro grupo fuese educado. «La única escuela que existe en el sector Las mulas fue construida en el gobierno de Raúl Leoni, desde ese entonces no se ha construido otra. No tienen donde guardar los alimentos, no les llega agua tienen a los niños amorochados. Este no es un favor que le pedimos sino una exigencia para que hagan más escuelas», exclama Moreno.
Al mismo tiempo, señala que el techo de la institución no sirve y las aulas se mojan, que carece de alumbrado y que tampoco tiene transporte, lo que dificulta la llegada de niños que viven retirados del lugar donde se ubica el plantel. Por otro lado, reconoce que aunque el personal esté completo no cuenta con los recursos para impartir clases como es debido.
SOLO HAY VACUNAS
Eudelys Padrón, habitante de esta parroquia y enfermera, señala que los servicios médicos también son deficientes. «No tenemos médicos, por ahora, no hay ambulancias y contamos con muy pocos medicamentos. Si se nos presenta una emergencia, tenemos que buscar un vehículo, a la hora que sea, para resolver».
Para este 15 de febrero estaba pautada la reinauguración de un centro asistencial tipo 1, pero no fue así. Este será atendido por médicos cubanos y cubrirá los sectores La Tigrera I y II. En el sector, las vacunas es lo único garantizado.
«Registramos veinticinco casos de paludismo recientemente. Hay bastante chikungunya y dengue. Nosotros mismos hemos tenido que buscar al personal para que venga a fumigar. Gracias a Dios los niños están siendo controlados, así como las embarazadas, los hipertensos y los diabéticos», añade Padrón.
SI NO HAY CARRO, BUENO ES UN CABALLO
Por su parte, José Placencio, ante la ola de declaraciones que daban sus vecinos, quiso completar explicando el «pésimo» sistema de transporte con el que cuentan. «Soy transportista desde hace veinte años y he notado el deterioro de las vías. Están pésimas, acabadas, no tenemos manera de hacerle saber al Alcalde esta situación. Estamos a punto de parar el transporte».
No solo el problema es de las vías, sino del hampa. «Aparte de que no conseguimos repuestos, tenemos que luchar contra la inseguridad a toda hora. Hemos tenido reuniones con la dirección de transporte, pero no se han mostrado competentes. Exigimos que nuestros derechos se respeten». La situación es tal que todavía se ven en las calles personas trasladándose a caballo.
EL PAN DE CADA DÍA
Las calamidades de los habitantes de Pozo Verde no solo se deben al mal funcionamiento de los servicios público, en la lista también entra la escasez de alimentos y el sobreprecio. «En las bodegas no hay nada y lo poco que se encuentra para comer está muy caro. Comprar un pollo es imposible, un kilo de pescado salado está por encima de los quinientos bolívares y los productos básicos ya ni se ven», cuenta una señora que negó a dar su nombre. Muchas mujeres, madres solteras, salen en la mañana a buscar quien les pague por limpiar o planchar para poder comprar la comida del día de sus hijos porque no reciben ningún tipo de ayuda.
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