Ciudad del Vaticano.- Una semana antes de que finalice el sínodo sobre la familia, nadie duda de que el papa Francisco, determinado a actualizar la Iglesia, no se dejará intimidar por los conservadores y recomendará una cierta apertura.
Presente en todas las sesiones plenarias en el Vaticano, tomando notas, concentrado, Francisco ha escondido sus cartas para respetar la colegialidad y no dar la impresión de influir en los trabajos.
Pero esta actitud no ha impedido que un pequeño grupo de cardenales conservadores pusieran en duda la metodología del sínodo y denunciaran el poder de los «progresistas» en el comité de redacción final.
Los conservadores han advertido que se opondrán a cualquier gesto en favor de los divorciados que se han vuelto a casar o hacia las parejas en unión libre y los homosexuales.
Al iniciar los trabajos, el papa se limitó a hacer tres afirmaciones incisivas: la mentalidad del complot debe cesar, no se está poniendo en entredicho la doctrina y el tema de los divorciados que se vuelven a casar es solo uno de los varios temas en el orden del día.
Francisco no ha aclarado si publicará el documento final del sínodo.
María de la Purísima
El papa Francisco canonizó a la beata española María de la Purísima, superiora de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, durante una ceremonia en el Vaticano.
Junto a ella, también fueron convertidos en santos los franceses Louis y Zélie Martin, padres de Santa Teresa del Niño Jesús, la primera pareja canonizada en la historia de la Iglesia católica, y Vincenzo Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio.
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