Rodríguez: “A mí nunca me gustó nada de plata. Puro oro”

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El ex campeón olímpico cumplió el pasado domingo 70 años de vida y recordó la hazaña lograda en México 1968, de lograr la primera medalla de oro olímpica para Venezuela.


Vistiendo una franela azul y unos zapatos deportivos. Usaba una gorra que en uno de los costados tiene grabado la siguiente frase: «Primer campeón olímpico de Venezuela». Y en efecto es él: Francisco «Morochito» Rodríguez.

Hace 50 años, conoció al boxeador Pedro Gómez (campeón nacional peso pluma en 1964). Un día lo acompañó al gimnasio donde practicaban los púgiles de la época. «A partir de ese entonces me hice boxeador» dice «Morochito» Rodríguez, apodado así porque tiene una hermana gemela llamada Alida.

«Él me enseñó a pelear, todo lo que fui se lo debo a Ely. La mayoría de los campeones del mundo son de Cumaná y todos fueron lo que fueron gracias a Ely Montes», comentó.

«Morochito» nació el 20 de septiembre de 1945 en el seno de una familia muy humilde, es el segundo hijo de un total de 14 que tuvo doña Olga Margarita Rodríguez de Brito, a quien «le tocó asumir el papel de padre-madre», describió.

CAMINO AL ORO OLÍMPICO
El campeón olímpico recuerda que la primera vez que se ajustó los guantes fue para subirse en un combate oficial en los Juegos Deportivos Nacionales realizados en su natal Cumaná. Tenía 20 años y explicó que para ese momento, no contaba con la fuerza ni con la experiencia suficiente para vencer al representante del estado Anzoátegui, Luis «Lumumba» Estaba.

«Cuando comienza la pelea al rato la paran, y yo pregunto, ¿por qué la paran? Resulta que yo estaba cortado y yo no sabía. Esa es la única partidura que yo tengo», expresa el sucrense mientras se mostraba la cicatriz que le dejó Lumumba en la ceja izquierda.

La derrota contra el anzoatiguense no lo amilanó. Al contrario, la pelea lo motivó a entrenar mucho más para participar en 1967 en el torneo internacional en Caracas, organizado por la Federación de Boxeo Aficionado.

Antes de acudir a los Juegos Olímpicos de México 1968, su entrenador Ely Montes le dijo: «Morochito lo que viene es candela, allá van los mejores boxeadores del mundo». Cumplió un módulo de preparación intenso de cinco meses en Caracas, donde fue seleccionado para ir a suelo azteca en la categoría peso mosca junior, junto a los púgiles Félix Márquez (mosca), Nelson Ruiz (welter junior) y Armando Mendoza (ligero).

EN SUELO AZTECA
En la Arena México, el «Morochito» tuvo su primera batalla olímpica contra el cubano Rafael Carbonel. «¡Ese cubano si era duro mi hermano! No muy alto pero duro. Afortunadamente le pude ganar».

Tras derrotar al cubano, el cumanés luego venció al representante de Sri Lanka, Masataka Karunaratne, y al estadounidense Harlan Marbley. Posteriormente disputó la presea dorada contra el surcoreano Ji Young-Ju.

La noche antes de la pelea por la dorada le ocurrió algo peculiar: Se tomó una jarra de jugo de naranja que lo hizo subir unos gramos de peso y puso en riesgo su participación en el combate. El peso reglamentario era de 48 kg y tenía 50 gramos por encima.

El inconveniente del «sobrepreso» pasó luego a ser sólo una anécdota de aquel 26 de octubre de 1968, cuando el referí polaco Boleslaw Idziak, levantó la mano izquierda de Rodríguez, quien minutos más tarde no contuvo el llanto.

«Eso fue lo más grandioso que me ha pasado en la vida… A mí nunca me gustó nada de plata. Puro oro, puro oro», expresó Rodríguez con una gran carcajada.

Su rol como entrenador
Como entrenador, el sucrense formó a la nueva generación de boxeadores venezolanos, una labor que a su juicio, lo hacía con mucha entrega y pasión. «El trabajo de entrenador es un oficio muy bonito porque te permite formar a esa generación que viene creciendo gracias a la experiencia que uno como boxeador tuvo, y por eso lo disfruté cada día».