A casi todos les ha sucedido alguna vez: De repente, el párpado de un ojo empieza a palpitar. Es una sensación incómoda que se intenta frenar instintivamente poniéndonos los dedos sobre el ojo. No suele tardar mucho en desaparecer y cuando lo hace es como si nada hubiera pasado.
«Son contracciones involuntarias de algunas fibras musculares del orbicular del párpado, el músculo encargado responsable de cerrar el ojo y parpadear», asegura Rubén Pascual, oftalmólogo. No son beneficiosos, pero tampoco hacen daño al ojo.
Cada contracción dura décimas de segundo y se repite rápidamente con una frecuencia de 1 a 4 por segundo. Algunos duran segundos, y en otros casos, puede mantenerse días enteros. «Se llaman fasciculaciones y no son contracciones eficaces, no son coordinadas y simultáneas, por eso el párpado no se cierra», apunta.
Hay personas que nunca han tenido un episodio, otras que lo sienten tan solo una vez al año y otras una vez a la semana. Y a una misma persona le ocurre varios días seguidos para no manifestarse durante largos periodos. Si te ha pasado, no te alarmes, ya conoces las razones. ¡Compártelas!
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